VISIÓN DE UNA POLÍTICA FISCAL PARA EL 2020
Msc. Jessica Mayra Churata. Abogada – Maestría en Derecho Tributario- Miembro de PLAIN Bolivia – Miembro de Mujer de Plata Potosí
La Economía dentro de un país es importante que los ingresos y gastos estén supervisados por la política fiscal con la que el Estado controla maneja impuestos y regalías. Estas cuentas fiscales equilibradas fomentan el desarrollo de la economía; empero, si el Estado tiene mayores ingresos que gastos, tendrá superávit fiscal; lo contrario pasará si el Estado tiene más gastos que ingresos pues así tendremos un déficit fiscal, que estamos experimentando en estos momentos en Bolivia.
Los datos más recientes del Ministerio de Economía nos muestran que las cuentas fiscales en Bolivia tienen déficit fiscal del sector público en 2018 de Bs 22,670 millones superior a los Bs 20,278 millones de 2017. Para hacer una comparación más adecuada, es preciso relacionar este déficit con el Producto Interno Bruto (PIB). Con este ajuste, observamos que el nivel registrado en 2018 es de -8.1 por ciento del PIB, ubicándose como el segundo más alto en el periodo mencionado. Y aun con esta caída (aunque alcanzó el 4.5%), el gobierno lanzó un segundo aguinaldo el 2018 que, si bien solo favoreció al 14 % de la población económica activa, y en la mayoría de los casos a quienes tienen buenos empleos fomentando la precarización e informalidad del empleo, generando inflación para este año. Montos económicos que podrían haber sido invertidos en mejor producción y en empleos dentro del Estado boliviano.
Por otro lado, no puede dejar de preocuparnos lo que sucede con nuestras cuentas fiscales. Según la Fundación Milenio, tener un déficit del PIB y en crecimiento es preocupante, y puede convertirse en un factor de riesgo importante en el contexto nacional, desequilibrando la economía y dejando al país en una situación muy desventajosa. Adicionalmente, la política fiscal muestra rendimientos decrecientes. A mayor déficit fiscal, menor crecimiento real en términos relativos; es decir, la deuda pública está creciendo más rápido que el PIB. En su libro “Lineamientos y pautas para una nueva política económica y social”, el economista Javier Cuevas nos menciona que los problemas estatales radican en el sistema tributario, la ineficiencia en el gasto público con decreciente inversión y la baja competitividad de los factores productivos que es clara muestra de la ausencia del crecimiento económico por lo que el FMI bajó su proyección de crecimiento para Bolivia de 4,2% a 4% para este año y para 2020 anticipó un 3,9%, incrementando de esa manera la pobreza. El informe Panorama Social 2018 de la Comisión Económica para América latina y el Caribe (Cepal) muestra en los indicadores de pobreza y extrema pobreza, entre 2001-2017, que en Bolivia la pobreza se incrementó entre 2014 a 2017, de 28,8 % a 30,6 % en la categoría hogares. Para cambiar esa visión debemos tomar en cuenta que el objetivo sería competir con la economía mundial y solo lo alcanzaremos con la inversión privada, ampliando mercados, lo que no sólo implica apoyar a la expansión de ventas locales sino a la exportación de nuestros productos, sin olvidarnos de la inversión pública que ayuda a elevar la productividad y reducir costos; es decir, la correlación entre inversiones públicas y privadas, y por qué no hablar de una futura descentralización de la recaudación fiscal, lo que puede impulsar la ampliación de la base de contribuyentes que ayudará a asegurar la inversión social y, frente a la explotación de nuestros recursos naturales, no necesariamente el Estado tendría que ser el único operador de estos.

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